Más allá de las cifras macro: la industria reclama reformas estructurales para recuperar competitividad.
La voz de los industriales es un llamado a la acción: no basta con ordenar el gran cuadro si las piezas más pequeñas siguen fuera de lugar.

La voz de los industriales es un llamado a la acción: no basta con ordenar el gran cuadro si las piezas más pequeñas siguen fuera de lugar.

Todo vuelve a empezar, enero encuentra a la industria mundial en plena transición: precios internacionales volátiles, cadenas de suministro que se reordenan y una agenda de descarbonización que ya no es opcional, sino condición de competitividad.

La industria argentina atraviesa un momento de profunda turbulencia que tiene consecuencias estructurales para la economía y el empleo en todo el país.

La industria argentina continúa operando en un nivel de actividad significativamente inferior a su potencial pleno.

Hablar de empresas que atraviesan generaciones en la Argentina no es habitual. Menos aún en sectores tan dinámicos y desafiantes como la electrónica industrial.

Los cierres masivos de empresas y la pérdida de empleo constituyen una advertencia severa no solo para las autoridades, sino para toda la sociedad

La industria argentina atraviesa hoy su hora más oscura, no por falta de competitividad intrínseca, sino por la ejecución de un diseño económico que parece despreciar la producción de valor agregado.

La industria argentina atraviesa uno de los períodos más extensos de contracción de las últimas dos décadas.

La industria enfrenta un doble desafío: debe mantener empleo de calidad, pero también necesita reglas modernas que permitan contratar más, invertir y adaptarse a los cambios tecnológicos.

La producción necesita oxígeno, y la simplificación tributaria es una de las llaves más urgentes
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