Como cerrar el año sin soltar la industria, abrazar lo que somos para defender lo que producimos.
Por María Eva González
Este año no fue fácil para nadie en la industria, pero no es algo a lo que no nos hemos enfrentado ya, la incertidumbre y los derrumbes por doquier.
La PyME familiar que hace malabares a diario para pagar sueldos, y la gran fábrica que ve caer la demanda, el proveedor que espera un mail que no llega y sin embargo, acá estamos; Tal vez cansados, tal vez llenos de preguntas… pero de pie siempre con esperanza y con fe.
Desde el Parque Industrial Pilar, vi algo que no sale en los titulares, la decisión silenciosa de seguir sosteniendo la rueda productiva, la que genera empleo, que mueve la economía real que muchas veces sostiene familias enteras que no aparecen en ninguna estadística. Pero también empresas que cerraron por diferentes motivos, una gran desolación.
En un contexto donde las importaciones se abren, los costos se disparan y la planificación parece ciencia ficción, es fácil caer en el discurso del “no se puede”. Pero elijo otro lugar: el de quienes apoyan a la industria no solo con palabras, sino con acciones concretas, aunque sean pequeñas, aunando esfuerzos, gestando vinculaciones reales, desde las redes, dando visibilidad por ejemplo.
¿Qué significa apoyar a la industria hoy en Argentina?
Significa comprender que cada producto nacional tiene detrás una cadena de valor humana, que va desde el que abre el portón a las 5 de la mañana hasta quien diseña, vende, distribuye, limpia, administra y controla calidad.
Significa valorar los esfuerzos por innovar, por capacitar equipos, por cumplir normas, por sostener la producción incluso cuando el contexto parece empujar en contra.
También entender que sin política industrial y sin mirada estratégica de largo plazo, la industria se vuelve un deporte de alto riesgo. Y que se necesita una mesa donde deben estar sentados el sector público, el privado, la academia, los sindicatos… y también las mujeres, que siguen siendo minoría en las decisiones de este mundo productivo.
Desde mi rol de vinculadora, este año vi algo claro: nadie puede solo. Ni el Estado, ni las empresas, ni los trabajadores, por eso insisto tanto con la palabra “red”: redes que se miran y se reconocen como aliadas, no como enemigas.
Los Objetivos de Desarrollo Sostenible nos dan una hoja de ruta:
- el ODS 8, que habla de trabajo decente y crecimiento económico;
- el ODS 9, que impulsa industria, innovación e infraestructura;
- y el ODS 17, que nos recuerda que, sin alianzas, esto no camina.
Apoyar a la industria argentina hoy es también defender estos ODS, pero traducidos a la vida real: una PyME que no cierra, una mujer que entra por primera vez a un puesto técnico, un joven que consigue su primer trabajo formal, una empresa que decide comprar local, aunque le lleve más esfuerzo.
Mientras cierro esta columna, última del año, no hago balance solo de lo que se perdió, sino de lo que se sostuvo, de las empresas que eligieron no bajar la persiana, los equipos que siguieron poniendo el cuerpo, los vínculos que se fortalecieron en la tormenta, el mundo emprendedor y todo el ecosistema de apoyo.
Porque, al final, apoyar a la industria no es un eslogan, es estar ahí, cuando más se necesita.
Pido un brindis simbólico, brindis productivo, en estas fiestas, voy a levantar mi copa por aquellos que hacen fuerte a este país con esfuerzo y valores, que contribuyen a un mundo mejor.
Les deseo que el próximo año nos encuentre más conectados, más humanos y decididos a cuidar lo que producimos en esta tierra, la industria argentina no es solo un sector, es parte de nuestra identidad.
Y mientras haya alguien dispuesto a seguir apostando, ahí voy a estar vinculando, escuchando y tendiendo puentes desde el Parque Industrial Pilar.

