Industria manufacturera argentina: el primer año y medio de un freno profundo.
La industria manufacturera argentina enfrenta un momento crítico. En los primeros 18 meses del actual gobierno, los indicadores señalan una caída marcada en la actividad, la utilización de la capacidad industrial, el empleo y el tejido productivo. El mensaje es claro: no se trata solo de un mal momento, sino de un proceso sostenido que exige cambio estructural.
Indicadores que no mienten
Durante 2024, la actividad industrial manufacturera registró una caída interanual cercana al 9 %. En lo que va de 2025, hasta junio, el sector acumula una nueva contracción del 3 % respecto del promedio del año anterior. La producción industrial desestacionalizada cayó aproximadamente un 1,2 % en junio, lo que representa un retroceso del 6,6 % frente al promedio de 2023 y del 9,1 % frente al mismo mes de ese año.
La utilización de la capacidad instalada también testimonia la debilidad: en junio el nivel alcanzó apenas un 58,8 %, lo que implica estar más de 14 puntos debajo de los niveles de junio de 2023.
Por su parte, entre noviembre de 2023 y mayo de 2025 se perdieron más de 39.000 puestos de trabajo registrados en la industria manufacturera, un descenso del 3,2 % en unidades productivas industriales. Además, el número de establecimientos industriales registrados disminuyó de 49.622 a 48.140 en ese mismo período, lo que equivale a una merma de 1.482 unidades productivas.
Importaciones y apertura como motor de competencia
Uno de los fenómenos que más daño le está haciendo al sector es la aceleración de las importaciones de bienes de consumo. En julio de 2025, las importaciones cifraron aproximadamente USD 959 millones, con un promedio mensual de USD 890 millones desde enero de ese año, lo que implicó un alza del 33,7 % respecto de 2023 y cercana al 47,6 % frente a julio de 2024.
Los rubros más golpeados incluyen electrodomésticos, motos, bicicletas, prendas de vestir, marroquinería y otros bienes durables. Por ejemplo, los electrodomésticos, baterías y lámparas aumentaron sus importaciones más del 200 % respecto de 2023. Este aumento masivo de entrada de bienes importados está reconfigurando la matriz productiva local, con una sustitución progresiva de la producción nacional por importados.
Un tejido industrial que se hace más fino
La caída de unidades productivas, el empleo que se reduce, y la capacidad industrial sin uso son síntomas de un tejido industrial que se adelgaza. No se trata solo de cifras negativas: son funciones clave de la economía que se sacan de circulación. Menos planta industrial, menos turnos, menos inversión en modernización, menos escala para producir con competitividad.
El impacto socioeconómico trasciende la producción: afecta el empleo formal de calidad, dinamiza menos la economía regional y reduce la capacidad de generar valor agregado. Cuando la industria no anda, también se frenan los proveedores, la logística, los servicios vinculados y la inversión asociada.
¿Por qué se profundiza la caída?
El fenómeno no es resultado de un solo factor, sino de varios que convergen:
- La combinación de alta competitividad de importados con baja escala local deja a muchas fábricas en desventaja.
- El contexto macroeconómico con costos elevados de financiamiento, energía e insumos reduce márgenes y frena decisiones de inversión.
- La falta de una política de largo plazo para la industria, con apoyo sustentable, estructura de incentivos y articulación entre actores públicos y privados.
- La debilidad del mercado interno, que reduce la demanda y fuerza a las empresas a competir más por exportar sin tener escala suficiente.
¿Hay espacio para la esperanza?
Sí, lo hay. Pero dependerá de la capacidad de reacción: modernizar plantas, acceder a crédito productivo, fortalecer la integración de la cadena, proteger la producción nacional sin caer en proteccionismos extremos y fomentar la innovación. La industria no puede esperar solo que el clima macro se arregle: necesita acción concreta.
Conclusión
El balance del primer año y medio es adverso. La industria manufacturera argentina retrocede en actividad, empleo, escala y competitividad. Pero reconocer la caída es el primer paso para revertirla. El desafío que sigue implica no solo recuperar lo perdido, sino reformular la base productiva para que vuelva a recuperar impulso. Porque mientras la industria siga en retroceso, la economía nacional pierde músculo, empleo y futuro.







