El reclamo industrial: menos presión fiscal y un plan real de industrialización
El presidente de la Unión Industrial Argentina (UIA), Martín Rappallini, volvió a poner sobre la mesa un reclamo recurrente: Argentina necesita un plan de industrialización claro, moderno y sostenible. No se trata solo de recuperar actividad, sino de redefinir el rumbo productivo del país.
Rappallini fue contundente: la presión fiscal sobre las empresas es excesiva y supera el 50% de los costos totales. Este nivel de carga impositiva no solo desalienta la inversión, sino que también reduce la competitividad frente a países vecinos que ofrecen condiciones más favorables.
El líder industrial insistió en que el país no puede seguir operando con un sistema tributario que desalienta la creación de empleo formal, posterga inversiones y castiga a las pymes productivas. Reformar el esquema fiscal —simplificar, reducir, ordenar— aparece como condición indispensable para cualquier proyecto de crecimiento.
A esto se suma la necesidad de modernizar las leyes laborales. Según Rappallini, las normas vigentes son antiguas y no contemplan la dinámica de los trabajos actuales, en un contexto donde la tecnología cambia la organización del empleo y la productividad.
El ministro de Economía, Luis Caputo, también respondió ante empresarios: aclaró que en la mayoría de los países el dólar no flota libremente y pidió “no agrandarse”. Su mensaje fue interpretado como un llamado a la prudencia, pero también como una confirmación de que no habrá cambios bruscos en el esquema cambiario.
El diálogo entre Gobierno e industria se vuelve crucial. La UIA pide políticas que impulsen exportaciones, cadenas de valor, financiamiento accesible y planes sectoriales. El reclamo es claro: sin industria fuerte, no hay desarrollo posible.
El desafío, entonces, es lograr que el debate económico incluya a la producción en el centro de la agenda.







