Industria en caída: señales de alarma para el ecosistema productivo argentino
La industria argentina vuelve a encender las luces de alerta. Octubre cerró con una caída del 5,6% interanual, impulsada especialmente por el derrumbe de la producción automotriz, un sector que históricamente tracciona empleo, exportaciones y tecnología. Este retroceso no es aislado: forma parte de una tendencia que acumula varios meses en terreno negativo.
La contracción se siente en toda la cadena. La producción de autos cayó fuertemente, afectada por la baja de la demanda interna y por un marcado descenso de exportaciones hacia Brasil. La industria autopartista, dependiente del volumen de fabricación, también debió ajustar turnos y suspender personal, profundizando un clima de incertidumbre.
Pero la debilidad no se limita a las terminales. Sectores como textil, metalmecánica, calzado, materiales para la construcción y plásticos muestran niveles de actividad por debajo de la media histórica. En paralelo, la baja utilización de la capacidad instalada refleja que muchas plantas operan al 40 o 50% de su potencial, un nivel que compromete seriamente la rentabilidad.
Esto tiene impacto directo en el mercado laboral. La pérdida de empleo industrial, que en algunos meses supera los 1.000 a 1.500 puestos, golpea especialmente a las pymes fabriles que no cuentan con espaldas financieras para sostener largas crisis.
El desafío es claro: si la industria pierde terreno, el país pierde desarrollo, porque es el sector que genera salarios de calidad, inversión tecnológica y valor agregado.
Las empresas reclaman previsibilidad, financiamiento, reglas estables y políticas que promuevan la recuperación productiva.
La pregunta clave, mirando hacia 2026, es si la industria podrá encontrar una base firme para reconstruir su crecimiento.







